Lasaña de bacalao, jamón y espinacas

P1010020Sin bechamel, por supuesto. Es que no la puedo soportar. Sólo el olor me tira de espadas. En su defecto, he preparado una salsita de tomate con chocolate que está para chuparse los dedos.

 

 

Ingredientes para la lasaña

  • 8 placas precocidas para lasaña (de ahí me han salido dos)
  • Bacalao desmigado
  • Lonchas de jamón serrano troceadas
  • Unas hojas de espinaca
  • Nata líquida

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Vamos primero con el relleno de la lasaña. La idea es pasarlo todo por la sartén para que forme una especie de semipasta en la que iremos intercalando las placas precocinadas.

Empezamos con las espinacas. Ahí donde las veis, luego se quedan en nada. Así que podéis poner sin miedo. Igual, hasta me quedé corto.

Antes de empezar nada, vamos a preparar los ingredientes.

Troceamos el jamón, lavamos y retiramos los tallos de las espinacas y desmigajamos el bacalao retirando las espinas. Nos lo preparamos todo.

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De entrada las espinacas las vamos a blanquear con agua acidulada. El agua acidulada se consigue poniendo una olla con agua a hervir y, llegado ese punto, añadiendo vinagre y sal. ¿Es lo más adecuado para blanquear espinacas? No. Se suele usar para escalfar huevos y hacer, por ejemplo, una salsa holandesa. Pero es algo que no tengo previsto hacer a corto plazo y como tenía muchas ganas de escribir la palabra “acidulada” en un post, he decidido blanquear las espinacas así (Acidulada, acidulada, acidulada, acidulada. Una vez empiezas es casi imposible parar. Acidulada)

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Aquí unas espinacas blanqueándose en agua ¿cómo? En agua a-ci-du-la-da. Dios, cómo lo estoy gozando.

No deberíamos tenerlas más de 1 minuto. Las colamos, las ponemos bajo un chorro de agua fría y las dejamos escurrir.

Mientras nuestras espinacas blanqueadas en agua acidulada se escurren, pasamos a la siguiente fase: el jamón.

Calentamos una sartén con el fuego fuerte y echamos el jamón. No hace falta que pongáis aceite, aprovechad la grasa que va soltando.

Cuando veáis que el jamón va cogiendo colorcillo, añadís el bacalao desmigajado.

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Id removiendo para que el bacalao vaya soltando todo su líquido. Hacedlo enérgicamente. Como si el bacalao os hubiese rallado el coche.

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Cuando obtengáis algo parecido a la foto anterior, añadís las espinacas blanqueadas en agua acidulada.

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Y seguís removiendo, como si no hubiera un mañana, para que se mezcle todo bien. Añadimos la nata líquida.

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Y dejáis reducir a vuestro gusto.

Reservamos.

Mientras hacíamos todo esto no hemos estado ociosos. Las placas para lasaña las hemos puesto en remojo con agua caliente para que se hidraten.

Aquí fiaros del fabricante. Normalmente en el paquete vienen las instrucciones de uso y os dirán durante cuánto tiempo han de estar sumergidas. En mi caso fueron 10 minutos.

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Cuando toque, las ponéis a secar sobre un trapo de cocina y preparáis una bandeja para el horno untándola de mantequilla.

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Ya tenemos la base de la lasaña.

Ponemos una placa y la cubrimos con la mezcla de bacalao, jamón y espinacas.

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Otra placa y lo mismo. La capa superior ha de ser una placa de lasaña.

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A continuación viene la salsa que la cubrirá.

Pero primero os voy a contar una anécdota.

Hace unos años, unos conocidos nos invitaron a unos amigos y a mí a comer en su casa. No sé, quizá hace diez años. O más. O menos. Vete a saber. La cuestión es que fuimos. Y uno de los platos eran canelones. Canelones con bechamel.

Yo, que soy hombre de mundo, puse mi mejor cara de “cuando tú vas, yo he vuelto dos veces” y empecé a comer. Empecé a comer por el lado derecho del plato. Ser zurdo y manejar el cuchillo con la izquierda favorecía esta estrategia. Iba troceando y comiéndome los canelones con auténtico apetito. Pero discretamente, con el filo del cuchillo, iba desplazando la bechamel hacia el extremo izquierdo del plato.

Como no hay plan perfecto, el mío tenían una laguna. ¿Qué iba a hacer con el montoncito de bechamel que se iba a acumular en un extremo del plato una vez me hubiese acabado los canelones?

Pensando en cómo deshacerme de él, me acabé los canelones. Avergonzado, levanté la mirada y, para mi sorpresa, el fallo había pasado inadvertido. Volví a mirar al plato y, no os lo vais a creer, el montoncito de bechamel había desaparecido.

Yo no me lo podía haber comido. Eso es impensable. Detesto la bechamel. Indagué entre los comensales de forma disimulada. Intentando no parecer un lunático. Pero nadie supo decirme el qué.

Pues a día de hoy, amigos, todavía no sé que pasó con aquella bechamel.

En fin, la salsa para la lasaña.

Cogemos 5 ó 6 tomates y los rallamos. A la sartén con poco aceite muy caliente.

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Dejamos reducir y añadimos un pimiento choricero que, previamente, hemos hidratado en agua caliente.

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Un cubicaldo de pescado.

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Dejamos que se deshaga y, por último, una pastilla de chocolate negro.

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Con el resultado cubrimos la lasaña y la metemos en el horno. Unos 200ºC, diez minutos.

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La cubrimos con queso Grana Padano rallado y a gratinar hasta que el queso se derrita.

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Y al tupper.

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Acidulada.

 

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